Las empresas éticas ya han llegado.

El tiempo del todo vale ha llegado a su fin. Anteriormente, poco importaba si la empresa de cosméticos que te gustaba tenía inversiones en armas en el Congo, o si esa empresa de refrescos tenía una mina a cielo abierto en el Amazonas. 

Esa forma de relacionarse la empresa con el entorno ya debe quedar atrás.

En el mundo que vivimos, el consumidor es consciente de su papel activo para transformar el mundo a través de su poder de compra y mira con lupa las ramificaciones y externalidades de una empresa, por si daña al medio ambiente, mantiene condiciones de semi-esclavitud a sus trabajadores en un país en vías de desarrollo, o simplemente tiene negocios poco éticos.

Las empresas éticas: un nuevo amanecer

Generalmente, las empresas utilizan la responsabilidad social corporativa (RSC) como un método para lavar su imagen o por puro postureo, como un maquillaje centrado en la difusión de lo hecho y no como herramienta de cambio social. La RSC es en ocasiones un foco de propaganda mientras los grandes dirigentes se embolsan sumas enormes a coste de la precarización del trabajo.

Pero gracias al papel de los consumidores activos, eso va a acabar. Cada vez más personas se suman al movimiento de exigir a las empresas que sean agentes del cambio social y no meras máquinas de hacer dinero.

Según la encuesta global de Deloitte en 2015, el 73%  de los llamados milenials creen que las empresas deben tener un impacto positivo en la sociedad y para 6 de cada 10 milenials la misión de la empresa es uno de las razones para trabajar o no en ella.

En Ecodicta creemos fuertemente en asumir nuestro papel de agente transformador y queremos contribuir con nuestras decisiones a un desarrollo sostenible, social y medio ambiental. Queremos obtener beneficios, de forma ética, no solo gastarlos de forma ética, envolviendo de principio a fin toda la filosofía de la empresa de valores sociales.

Nos alineamos firmemente con La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas que contempla:

“Un mundo en el que cada país disfrute de un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible y de trabajo decente para todos; un mundo donde sean sostenibles las modalidades de consumo y producción y la utilización de todos los recursos naturales…”.

Creemos que una empresa ética debe tener visión social de principio a fin. De todo lo que hace, de la misión, de su futuro y de las relaciones con el entorno, los clientes y los proveedores. Ya no vale con gastar dinero en maquillaje, sino que las empresas deben devolver gran parte de lo que la sociedad les da y debe ser desde un inicio.

Apostamos porque todos nuestros procesos de toma de decisiones sean éticos y que den resultados positivos. apostamos por nuevas formas de consumir, como alquilar ropa, que permiten reducir la huella medio ambiental.

Creemos en unos salarios dignos, horario flexible para la conciliación familiar, respeto al medio ambiente, comunicación inclusiva, comercio justo, la igualdad de oportunidades y la no discriminación, la transparencia informativa, la privacidad de la información, una publicidad real sin basarse en engaños o letra pequeña, el cliente como centro de toda actuación, el desarrollo de países menos favorecidos, el buen trato hacia proveedores, la contratación de jóvenes, mayores y personas en riesgo de exclusión, compromiso con ongs y con los objetivos del Milenio así como la lucha contra la desigualdad social.

No solo lo que la ley exige como mínimo, sino ir un paso más allá.

Nuestra brújula moral nos  exige considerar que lo más importante son las personas y el medio ambiente. Y a través de ellos, equilibrar las cuentas y aportar beneficios a la sociedad.

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